¿Y vos, le ponés límites a tus hijos adolescentes?


Muchos padres de familia con hijos adolescentes, se enfrentan cotidianamente a una gran incógnita: ¿es sano ponerle límites a mi hijo? Las dudas que les aquejan son muchas y, no en pocas ocasiones, les hacen sentir impotentes frente a sus cipotes. ¿Ya te ha pasado o lo estás enfrentado ahorita?

Quisiera recalcar y dejar muy bien sentado, que para los adolescentes es importantísimo sentir que las actitudes de sus padres son estables y firmes, ya que están preparándose para una independencia todavía mayor (independizarse de la familia). Necesitan apoyo de afuera (principalmente de sus amistades), para librarse del vínculo con ambos padres. Están tratando de fijar su nueva identidad independiente y autónoma y de sentir seguridad con ella. La mejor manera, muy saludable por cierto, de hacerlo es rebelarse un poco. “A los pollitos ya les salieron plumas y empiezan a ensayar su kikiriki”.

Necesitan entonces algo en contra de lo cual rebelarse. Líneas precisas con las cuales poner a prueba su fuerza. Exactamente como lo haría un niñito, y por razones similares.

Es decir que cuando papá y mamá trazan los límites de la convivencia familiar, les están proporcionando también seguridad. No se te olvide lo inseguros y cambiantes que son los adolescentes. En un momento están llenos de confianza, exigen libertad e independencia y cualquier restricción impuesta por los padres les molesta; al siguiente, se desploman en la duda y la depresión, se sienten desvalidos y piden seguridad y apoyo. En cierto sentido, son adultos por un momento y al siguiente unos niños. Es un período muy desestabilizador, así que necesitan guías firmes y estables.

Quizás te sintás que ya pasaste por eso, en otro momento del desarrollo de tus hijos. De hecho, ¡qué suerte para ellos si así fue! Si no trazaste límites bastante precisos en la etapa anterior, será más difícil ahora cuando los hijos son mayores y más fuertes. Sin embargo, será necesario hacerlo, ¡aunque durante un tiempo la vida sea un tanto color de hormiga!

Supongo que te estarás preguntando, además de las reglas firmes, ¿qué más puedo hacer para contribuir a la independencia de mis hijos? Te sugiero 4 cositas:

  • Fomentá sus intereses y actividades sanas fuera del hogar, con total certeza de dónde y con quién anda. Es preferible que salga con amistades a las cuales vos conocés, que has visitado a su familia, su casa y ya sabés por dónde puede apretar el zapato.

  • El censurar los noviazgos sólo hará que los mismos se consoliden. Acordate, “¡al enemigo es mejor tenerlo cerquitita, para saber qué hace, qué piensa y…, controlarlo!”

  • En la casa, proporcionarle un espacio donde puedan ejercer su libertad sin restricciones excesivas (por ejemplo, sus cuartos). Cada adolescente afirma en cierta forma su independencia, haciendo que su dormitorio se diferencie inconfundiblemente del resto de la casa, que tienen que compartir con los demás miembros de la familia. Incluso, la limpieza del mismo debe correr por su cuenta, no importa que la haga hasta el domingo, total, “el chiquero es de él, de ella, mientras no apeste a perro muerto, ¿para qué desgastarte a diario en hacer que lo limpie?”

  • Es importante que insistás en una conducta razonablemente considerada (por ejemplo, no dejar tirada la ropa sucia, lavar los trastes, sacar la basura, bañar al perro, limpiar la caca del pero, etc.). Eso no es negociable, él vive en tu casa, vos sos el Jefe Supremo, vos dictás las reglas, le cuadre o no le cuadre.

Algunos especialistas han dicho que: “La furia del infierno no se compara con la de un adolescente cuando sus padres no le exigieron ayudar en casa”. En cierta medida, el padre pasivo, el que sólo quiere vivir en paz, es quien recibe el torrente de desprecio y reproches que le vierten sus hijos adolescentes. Y además, le gritan, cuando llegan al final de su reclamo, ¡NI SIQUIERA me obligaste a ayudar en la casa!

Esa frase engloba toda una demanda humana, y por lo general justa, de recibir límites claros y precisos. Algo que todo ser humano reclama para sí, no importa la situación ni el lugar. Todo ser humano se desestructura si no logra establecer sus mojones, sus límites, sus fronteras. Ahora imaginate a un adolescente que apenas empieza a trazar los propios, los que requiere para despegar como persona adulta.

Los adolescentes quieren que haya reglas en su casa. Al menos, es algo de lo cual pueden quejarse y oponerse, aunque sea ligeramente.

La personalidad adolescente no está bien definida, por lo que se les dificulta ser verdaderamente independientes de una manera positiva. En cierta forma tienen que aprender sobre sí mismos por medios fundamentalmente negativos. Al principio, sobre todo.

De tal manera que pueden aprender mejor a ser independientes cuando no hacen lo que los padres quieren o cuando hacen lo que los padres no quieren, que cuando hacen lo que ellos mismos desean.

Decíamos que, por lo menos, al principio, por lo menos, porque tal vez no tengan muy claro qué es lo que realmente quieren, qué tipo de persona son. El sentido de identidad todavía no está definido. Los músculos no se desarrollan si se mantienen relajados o sólo se someten a ejercicios demasiados ligeros, ¿verdad? Se les pone cierta resistencia (pesas). Lo mismo ocurre con la voluntad, con la fuerza de carácter, con la seguridad en sí mismo.

Los adolescentes necesitan que haya algo (límites, fronteras, obstáculos) que puedan empujar y que les ayude a volverse más independientes. Si los padres pudieran admitir que la lucha es necesaria para ayudar a los hijos, defenderían las líneas con firmeza y les proporcionarían algo contra lo cual puedan empujar. Por supuesto, deben actualizar las líneas de tiempo en tiempo, ya que, conforme los hijos van creciendo y volviéndose más independientes, conviene que se les otorgue más espacio de libertad.

Por otra parte, es importante que no te sofoqués mucho por los detalles de la lucha, ni que pensés en que las discusiones necesariamente deben resolverse en el mismito momento en que surgieron, tampoco debés sentirte angustiado porque estás metiendo las patas, ni tratés desesperadamente de enderezarlo. A ser padre, a ser madre: SE APRENDE MEDIANTE ENSAYO Y ERROR.

En el caso de que te apegués a las exigencias de tus adolescentes, y tratés de complacerlos y hacerlos felices, no sólo terminarás por sentirte más inadecuados como persona y como padre, les estarás proporcionando la respuesta equivocada. Los hijos sobreprotegidos se llegan a sentir tan despreciados como los hijos desatendidos. Ya me ha tocado atender este tipo de casos.

Lo importante es reconocer que el adolescente anda en pos de algo contra lo cual luchar. De esta manera, si vos cedés un todo, él o ella van a tener que emprender una búsqueda desesperada de alguna conducta que pueda provocarte alguna reacción, por lo que el conflicto crecerá hasta que adoptés realmente una postura, o tus hijos acaben con la casa.

Así pues, para ayudar a los adolescentes, es necesario que los padres demarquen con claridad su territorio. Con mojones respecto a los cuales los hijos puedan definirse y medirse, tomar lo que les agrade y rechazar lo que no les gusta. El primer requisito de un mojón es que pueda saberse dónde está.

Por lo tanto, conviene que los padres expresen con claridad sus opiniones, que no les afecte el que los hijos no estén de acuerdo la mayor parte del tiempo y que acepten que serán tachados de ridículos, tiranos, redondos, balurdes, anticuados y otros epítetos.

Si los padres son capaces de aceptar el papel de demarcadores de límites, y viven con tranquilidad dicho papel, es probable que no tengan que vérselas para nada con un problema grave de adolescencia.

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