Todos somos Paranoicos


Resumido del libro RELACIONES FAMILIARES: cómo salir bien librado. R. Skynner & J. Cleese. Edit. Pax. México.

Esta vez tengo que apoyarme en otros para tratar de explicar rápidamente y de la mejor manera posible, este fenómeno que hoy por hoy, sesga la vida de la humanidad en todo el orbe (en la bolita del mundo, pues). No me es fácil adaptarlo y quitarle toda la palabrería enredada, espero que esté entendible y podás agarrar cábula.

Antes de seguir, debo hacer una aclaración necesaria, misma que orienta mi trabajo profesional y el de muchos colegas. Yo entiendo el fenómeno psicológico como una especie de línea continua, en un extremo está la parte sana y en el otro la parte no sana. Las personas oscilan, van y vienen de un extremo al otro según las circunstancias, su historia de vida, su cultura familiar, etc. Habrá momentos en que nos sentimos un poco más tristes que de costumbres, pero de ahí a decir que estamos en la punta no sana de ese fenómeno, hay mucho trecho. Y así con cada situación o síntoma que existe: cólera, alegría, amor…

¿Qué es esa vaina de Paranoico?familiaspsicopatas3httpwww-planetacurioso-com2013100310-formas-de-identificar-a-un-psicopata

Usamos la palabra “Paranoico” para referimos a lo que comúnmente llamamos como “complejo de persecución”, y en la vida cotidiana constituye el origen de una serie de problemas donde le atribuimos la culpa a los demás.

Cuando nos damos cuenta de que estamos pensando que nuestra conducta es la más tuani y que los problemas que pudieran surgir serían sólo responsabilidad de otras personas, eso es paranoia, no en el sentido de que estamos enfermos, paranoicos, psiquiátricos, sino en el sentido de que ese pensamiento en particular es paranoico. Cuando partimos nuestros sentimientos en “buenos y “malos” o en “amor” y “odio”, y luego proyectamos los sentimientos desagradables en otra persona o en otro grupo, se trata de una manera paranoica de proceder. Sin embargo, no nos perjudica cuando dejamos que suceda eso una que otra vez, por ejemplo los fanáticos del Barsa y el Real Madrid, se echan verbos, se burlan del otro en cada juego hasta más no poder. Eso simplemente facilita bajar la presión, relajarse y sentirse parte de nuestro grupo. La gente normal puede sencillamente desprenderse de estos sentimientos después. Simplemente se desconectan de ellos al final del partido. Se divirtieron un poco, eso es todo. Sin embargo, los verdaderos paranoicos tendrán que seguir comportándose así. Necesitan mantener los sentimientos negativos en los demás.

¿Qué pasaría entonces si ese tipo de gente comienza a ponerle mente a las opiniones de los que considera sus adversarios?

Podría ser marcadamente peligroso para ellas porque tendrían que empezar a encarar sus debilidades o errores propios. La pantalla que tapa los sentimientos y conductas que valoran como negativas, podría levantarse un poco y entonces verían dentro de sí mismas las cosas terribles que atribuyen al otro… Esos majes no sabrían qué hacer con los errores que podrían encontrar dentro de ellas. Así que protegen su precaria salud mental culpando a los demás.

La persona paranoica trata de mantener lo bueno aparte de lo malo, ¿cómo? Sacando lo malo; es decir, marca los límites más cerca, los estrecha más, para excluir los sentimientos que no puede soportar. Sin embargo, por lo menos la persona que está funcionando de modo paranoico tiene algún tipo de límites, y puede llegar a admitir que hay otra gente en el mundo. De esta manera, la persona que funciona en cierta medida en este plano podría desempeñarse razonablemente bien si se uniera a un partido político que defiende el tipo de actitudes y sentimientos que a esa persona le agradan en sí misma, siempre y cuando haya otro partido, muy distinto del primero, que defienda un montón de cosas que esa persona no soporta ver en su propia personalidad. Entonces apoya a su partido y odia al rival, y con eso se siente relax. Este tipo de vida le viene como anillo al dedo y le evita que se deschincaque mentalmente. Claro que no podrá apagar la llamarada cuando acabe el calor de la discusión, como hace la mayoría de los miembros más normales de su partido, porque esa persona no puede darse el lujo de dejar de ser hostil hacia el otro partido. Sin embargo, por lo menos puede llevarse razonablemente bien con los de su partido en tanto haya un enemigo a quien odiar.

Los verdaderos extremistas se enorgullecen mucho de la pureza de sus ideas. No hay nada de malo en tratar de mejorar si se es realista. Sin embargo, cuando uno trata de convencer a los demás e incluso a sí mismo de que se es más puro de lo que uno realmente es, eso significa que uno tiene que comenzar a dejar ocultar los aspectos de sí mismo que no van de acuerdo con esa idea. Y una vez que se van al otro lado de la pantalla (se esconden), se proyectan a otra gente o a otros grupos.

La Inquisición, los Exorcismos y Otras Hierbas Aromáticasinquisicionhttpculturacolectiva-comla-santa-inquisicion

Ahora bien, si uno es quien está haciendo esto, por supuesto que eso hace que uno se sienta más puro, más perfecto – por un tiempo. Exactamente como sucedía en los tiempos de la Inquisición, cuando los inquisidores pensaban que servían a Dios y a Cristo al quemar vivos a los herejes. Es probable que la mayoría de los inquisidores creyera que únicamente lo hacían para bien de las víctimas. En el plano consciente, los inquisidores tal vez sentían que habían salvado a los herejes de un destino peor que la muerte y que también habían salvado al mundo del terrible mal del cual los herejes supuestamente eran instrumento. Por otra parte, tal vez el sentido oculto era la necesidad que los inquisidores tenían de ocultar ese mismo mal que percibían en sí mismos para negarlo, para proyectarlo hacia sus víctimas y al destruirlas, librarse de él. Y eso de hecho los hacía sentirse mejor por un tiempo. En tanto no volvían a aparecer los sentimientos que rechazaban. Sin duda por eso intentaban arrancar una confesión de sus víctimas mediante la tortura. Una evidencia escrita de que el inquisidor es realmente un buen tipo que sólo cumple con su deber. Tal vez eso hacía que se sintiera mejor por un tiempo más largo. Tal vez eso les confirmaba su creencia en lo que estaban haciendo al disipar la mínima duda. Eso les daría la seguridad de que lo malo estaba verdaderamente afuera, en las victimas, y no dentro de sí mismos. Una confesión podía ser muy reconfortante.

Sin embargo ¿por qué nos sentimos tan bien cuando adoptamos esta forma paranoica de pensar y actuar? Porque se siente uno mejor cuando se ha librado de todos los sentimientos “malos”; sin embargo, también una vez que nos sentimos a salvo por haberlos proyectado en otra gente, podemos portarnos verdaderamente mal con esa gente porque nuestra conducta está completamente justificada por su maldad. Y esto significa que de hecho podemos sacar todos nuestros sentimientos negativos, desagradables, crueles y envidiosos mediante una conducta mala hacia esa gente. Así que en ambos sentidos salimos ganando.

Y también podés darte cuenta de que hay otro de estos círculos vicioso psicológicos en ese proceso, lo cual ayuda a explicar por qué los humanos pueden ser tan despiadadamente crueles entre sí. Independientemente de que tanto justifique el perseguidor su forma de tratar a la víctima, el hecho de que la esté torturando o quemando viva lo pone en peligro de ver el gozo que eso le causa, de ver su propia maldad, en otras palabras. En consecuencia, la proyección tiene que incrementarse para hacer que la víctima parezca peor, y así justificar mi crueldad, lo que de nuevo incrementa el peligro de que el perseguidor se vea a sí mismo como realmente es, etcétera.

En consecuencia, lejos de sentir misericordia, el perseguidor tenderá a ser cada vez más despiadado, más rabioso y más cruel conforme más vea que la víctima sufre. De la misma manera, este círculo vicioso de crueldad, culpa, proyección de la culpa en la víctima y luego todavía más crueldad, se refuerza porque todos los perseguidores se apoyan entre sí para seguir sintiéndose seguros de que están haciendo lo correcto. Porque si uno de ellos comenzara a dudar de que la crueldad es correcta y necesaria, amenazará la tranquilidad mental de los demás. Entonces, los demás tratarán primero de darle confianza y respaldo por su buen trabajo; sin embargo, si siguiera titubeante, se volverían contra él y lo pondrían también en la hoguera. Este principio también es válido para aspectos más cotidianos de la vida. Por ejemplo, en la política, cada quien puede lograr un sentimiento extremadamente reconfortante de apoyo mutuo de su grupo si dirige su animadversión al enemigo. La necesidad de combatir al enemigo nos proporciona un objetivo común, lo cual, al volvernos conscientes de que dependemos de los demás y ellos de nosotros, nos participa un sentimiento de mayor cohesión.

Entonces, en el plano inmediato, la conducta paranoica sí nos levanta realmente el ánimo. Pero eso tiene su precio. Y en dosis pequeñas no perjudica. Siempre y cuando uno sepa lo que está haciendo y pueda dejar de hacerlo y retomar su compartimiento acostumbrado como sucede con la mayoría de la gente que participa en un deporte de competencia o en un debate político, ese tipo de conducta le sirve de estímulo sin que haya consecuencias negativas para los demás. Se trata nada más de un ejemplo de la forma en que la gente normal puede recurrir a modos más infantiles de pensar y de comportarse cuando no necesita ser seria y cuidadosa y puede darse rienda suelta, relajarse y divertirse un rato; pero puede dejar de hacerlo inmediatamente y regresar a una forma de pensar más madura cuando un acontecimiento importante requiere de un criterio preciso y equilibrado.

¿Te diste de lo dañino que es el culpar a los demás de tus errores? Revisá un poco tu conducta en los últimos tiempos, vas a encontrar muchos momentos así, lo cual, insisto, no es malo. Pero si esa conducta, esos pensamientos, esas emociones que “proyectas” en los demás, se han vuelto una constante, es hora de que busqués ayuda profesional. ¡La estás embarrando!

Asumí tu responsabilidad de tus actos alguna vez en tu vida.

Próximo: “El Ritual del Exorcismo según la Iglesia Católica”

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