¡Ser Papá le Cuereya!


Hace mucho tiempo escribí estas líneas para un grupo de padres y madres. La intención no era darles “lecciones de moral” sobre cómo ser Papá. La idea era que se dieran cuenta del daño que hacemos a nuestros hijos e hijas sin saberlo, “sin querer…, queriendo”. Hoy lo publico tal cual salió en aquella época (finales de los 90, inicios del 2000). La carta adjunta es real, me la entregó un chavalo que no se atrevía a decirle nada a su padre, pero logró escribirla para que yo se la entregara al tipo y suavizara su reacción.

El señor al leerla se quedó paralizado, mudo, ido en su mundo. Empezó a llorar y me dijo: “No sabía que yo estaba haciendo esto, le juro que nunca fue mi intención”

Ojalá y que le sirva a alguien y que “agarre cábula” para mejorar su relación con sus hijos. Y que conste, no soy el mejor modelo ni ejemplo de padre, por si acaso piensan eso.

Muchas veces como hombres nos equivocamos y actuamos de forma impredecible y contradictoria; hacemos cosas que no siempre se corresponden con nuestros sentimientos pero… como así es que deben conducirse “los hombres”, ni modo, alegamos cómodamente. Arruinamos la vida de los seres que más queremos y somos incapaces de pedir perdón o de corregir nuestros errores.

Ser papá no es nada fácil, sobre todo cuando no se nos educa en la cultura del afecto, de la ternura; cuando se nos inculca desde pequeños que debemos ser duros, mandones e imponer nuestros deseos y criterios “a la brava”. Exigimos que se nos atienda, que se nos mime, que se nos obedezca y que se nos adivinen nuestros más mínimos deseos. Escabullimos el bulto y le echamos la culpa a todos y a todas con tal de no enfrentarnos con nuestras debilidades (eso es de “maricas” solemos justificar).

Nunca nadie nos dijo que todo lo que hiciéramos en casa lo iban a repetir, de igual o peor manera, nuestros hijos. Y… ¡qué frustrante es para uno!, el ver y sentir cómo nuestros retoños se parecen día a día a ese ser que en el fondo rechazamos: nosotros mismos y nuestros defectos. Nos sentimos fracasados, derrotados pero ni aun así lo queremos admitir y seguimos repitiendo todo aquello que nos daña y que daña a nuestros hijos.

No nacemos aprendidos, aprendemos mediante el ensayo y el error cómo ser padres. Admitir que nos equivocamos, pedir perdón, asumir roles que tradicionalmente no le corresponden al hombre en la casa, besar, acariciar y abrazar a nuestros hijos son conductas sanas, que nos acercan cada vez más a lo humano que todos llevamos por dentro y que la sociedad nos ha negado.

Hoy quisiera presentar a ustedes una carta extraída de uno de los cursos de la secundaria; la carta de un hijo a su padre, llena de grandes lecciones y de mucho amor. Ojalá y que nos podamos ver reflejados en ella y que corrijamos el rumbo antes que compliquemos más nuestra situación. La redacción está textual pero omitimos los datos de su autor por razones más que obvias.

Quisiera decirles que, si bien es cierto no nos enseñan a ser “papá”, si nos lo proponemos podemos aprender a serlo, aunque en el intento dejemos “la máscara” que esconde nuestros verdaderos sentimientos. El equivocarnos no es precisamente el problema, sino que el huir cobardemente de la posibilidad de cambio es, en sí, el verdadero problema. Admitir que no somos perfectos frente a nuestros hijos, lejos de hacernos perder su respeto, lo refuerza para siempre. Tenemos derecho a equivocarnos, a llorar, a reír, a perder… a ser imperfectos; pero no tenemos derecho a vivir cómodamente nuestra vida sin tomar en cuenta que hay personas que dependen de nosotros. Personas para las cuales somos de vital importancia y que es indispensable que nos acerquemos a ellas, las escuchemos y procuremos ponernos en sus zapatos para comprobar la validez de sus planteamientos.

Nunca es tarde para empezar.

Managua, mayo 23 de 1997.
Señor:Juan Padre

Querido padre:

Es mi deseo que cuando recibás esta carta, estés muy bien de salud y muy tranquilo.
He querido decirte esto desde hace mucho tiempo debido a (que) he observado que no entiendes la situación en que te encuentras., tú ya no estás casado con mi madre, ella ya no es tu mujer, tengo miedo de (que) por esto tu hagas y digas cosas que no son coherentes, cuando me llamas por teléfono y tratas de convencerme de que ella fue la culpable de lo que pasó en esta casa, tu dices que tu adulterio es algo normal y comun lo cual no es correcto, eso (es) machismo antiguo y sin ninguna gracia, yo te quiero mucho, te adoro, te respeto, eres un gran ejemplo para mi pero no me gusta, de ninguna manera que le faltes el respeto a mi madre y mucho menos (que) trates de convencerme de que ella es la adultera y la metirosa.

Te admiro por tu caracter, es ejemplar pero quiero que desde el fondo de mi corazón pongamos las cartas sobe la mesa y quedemos claros de varias cosas:

  1. El vínculo matrimonial se ha roto.
  2. Nosotros somos tus hijos y te queremos mucho.
  3. Vive con la mujer y el niño, ellos te necesitan, mi deseo es que eduques a … (mi hermanito) con gran amor y cariño, ese niño te necesita mucho, necesita un padre porque está muy pequeño y necesita respaldo, te pido esto para que ese niño tenga una vida sin resentimientos como yo que soy tranquilo y estoy claro

Padre yo soy tu primogénito, deseo que cumplas mi deseo, respeta a mi Madre y tratala con cultura, como una amiga, mira hombre, en la vida uno tiene errores y la mejor manera para reponerlos es recuperase y regenerarse, la manera en que tu harías eso es de tres maneras:

  1. Respetar a mi madre.
  2. Cuidar de … (mi hermanito) y no lo trates mal porque no se lo merece
  3. Cuando tengas una discución con mi madre no me metas porque no tengo nada que ver con sus problemas de pareja salvo que le faltes al respeto.

Te quiero mucho y te respeto.

Yo no guardo ningun resentimiento hacia ti y ademas no te juzgo

ERES UN GRAN HOMBRE PARA MI Y TE QUIERO.

Mi seudónimo es: CHELIN {un perro} .SIC

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