¡Ser Mamá! ¡Ay mamá!


Ser Mamá

La seriedad de la responsabilidad de tener un hijo quita a muchas mujeres la alegría de la maternidad, y transforma la relación en una continua tensión.

El miedo al futuro, los riesgos que se corren en el desarrollo impiden a muchas mujeres gozar el momento. Para ser buena mamá hay que olvidar la obsesión del futuro y aprovechar el “aquí y el ahora” del niño.

Así vemos cómo la preocupación por el ingreso a la universidad o el éxito escolar, se transforma muchas veces en una idea fija que impide aprovechar los buenos momentos del niño. Por lo demás, parece demostrable que una vida adulta sana mentalmente y feliz se basa en una infancia llena de buenos recuerdos.

La Madre y la Satisfacción de las Necesidades Básicas

Es la madre quien primero satisface las necesidades básicas del hijo a través de la alimentación, el afecto, el contacto piel a piel y la estimulación intelectual y sensorial.

Muy pronto, el niño aprende a llamarla a través del llanto cuando es pequeño, o a buscarla apenas aprende a gatear, si experimenta una necesidad. Si la madre es capaz de responder en forma satisfactoria a las necesidades del niño, éste tendrá hacia ella una actitud cercana. Si, por el contrario, ella no lo satisface, el niño experimentará desconfianza hacia ella y hacia el mundo.

En este sentido se dice que la relación madre-hijo de algún modo es la base sobre la cual se organiza la relación con otras personas.

En los primeros años, esta necesidad de tener un estrecho contacto con la madre es tan fuerte, que los niños abandonados presentan trastornos físicos y psicológicos de importancia, disminuyen de peso, no crecen al ritmo normal, se retrasan en el lenguaje y pierden interés por el mundo exterior.

Si la ausencia de la madre ha sido muy prolongada y no cuenta con un reemplazo afectivo apropiado, el niño sufrirá un trastorno en su desarrollo afectivo que le dificultará, posteriormente, establecer relaciones sociales normales.

La Relación Madre – Hijo/a en las Diferentes Edades

Las necesidades de los niños van cambiando según la etapa de desarrollo en que se encuentren. Una madre inteligente será capaz de percibir y adaptarse a los cambios que va experimentando su hijo.

  • Durante el primer año, los cambios son rápidos. Hasta los dos meses el niño necesita a su madre cuando está inquieto o con hambre, y se calma al ser tomado en brazos.
  • Desde el tercer mes, cuando mira a alguien es capaz de sonreír, se alegra con la presencia de gente a su alrededor; ya a los cuatro meses distingue a su madre de otras personas y muestra especial afecto hacia ella.
  • A partir del segundo año de vida, da y recibe gestos de afecto, como besos y abrazos, especialmente con su mamá. Tiende a ser muy expresivo en sus emociones.
  • En el tercer año, la relación es muy fluctuante, algunas veces es cooperador y obediente, pero la mayor parte del tiempo juega a contradecir lo que se le dice. Es la edad de los “no quiero” y los “no puedo”, y más bien es un juego. Pero si la madre es tolerante, la oposición del niño no será una etapa conflictiva. El niño puede hacer cosas: “avisar, guardar sus juguetes, comer solo…”, pero ha aprendido a decir “NO” y lo practica.
  • En el cuarto año la relación se hace más fácil, el niño necesita aprobación social, y la madre es la figura central para obtenerla. Está muy orgulloso de su mamá y la muestra a sus amiguitos.
  • En el quinto año, el vínculo se transforma, el niño quiere mucho a su madre y necesita de su atención, pero se hace más independiente. Está interesado en aprender y confía en la autoridad de su madre, le gusta que ella le lea cuentos, y le encantan las historias, especialmente las que se refieren a cuando era pequeño. Quiere que se le explique todo. Es una edad muy agradable para jugar y pasear con el niño, que es de una curiosidad inagotable.
  • A los seis años, ha comenzado a interesarse activamente por el mundo exterior. Se cree más autosuficiente de lo que es, a veces se niega a aceptar la ayuda que necesita. Si la madre es muy sobreprotectora, es posible que esta necesidad de autonomía haga que esta etapa se transforme en “una edad crítica”.
  • A los siete años, ha pasado la crisis, y la relación madre-hijo tiende a mejorar. La mayor madurez del niño permite una relación de compañerismo. Es sensible a los mecanismos, como la aprobación o la desaprobación. No resulta difícil razonar con él, aunque algunas veces tenga arrebatos de mal genio, ahora más que nunca, necesita razones para obedecer y no simplemente órdenes que obedecer.
  • A los ocho años, continúa en forma intensa la necesidad de aprobación social. Es muy demostrativo y quiere darle el gusto a su madre. Las diferencias de carácter, así como de educación, ejercen un efecto, y así, el niño puede ser optimista, agresivo, triste, alegre, etc., según sea su carácter y las situaciones de vida que ha experimentado.
  • A los nueve años, es más independiente y maduro, sus amistades están definidas. Si bien requiere menos tiempo y atención, es necesario aprender a estar disponible para escuchar sus preocupaciones y acompañarlo en sus intereses. Este año y los que siguen, serán determinantes para el nivel de profundidad de la relación de los años futuros. Un vínculo cercano y afectuoso, pero que respete la libertad del niño, será la clave para una adolescencia sin conflictos.
  • A los diez años, la relación entre el niño y la madre es sincera, confiada y directa. La mamá aún tiene enorme importancia en sus decisiones y se siente orgulloso de ella. Las niñitas son menos conflictivas que los niños a esta edad. La relación entre los hijos y la mamá suele tener algunos conflictos por problemas de orden.
  • A los once años se rompe la paz familiar, el niño empieza a resistir las indicaciones maternas, el primer portazo suele ser la señal del principio de una edad difícil. Tanto los hijos como las hijas, comienzan a poner objeciones frente a las indicaciones de la mamá antes, incluso de, oírlas, y es bueno y necesario que así sea.
  • A los doce años, el niño mejora parcialmente la relación, tiende a actuar de manera más racional, aunque por supuesto, persisten muchas críticas a la mamá por “estricta y exigente”. La actitud es cambiante. En algún minuto desea ser mimado como un niño pequeño, en tanto que en otro aparece como alguien bastante adulto que rechaza ese tipo de mimos.
  • A los trece años, el niño comienza a aislarse, necesita estar solo. Las muestras de interés de la mamá son consideradas, a menudo, una intromisión en su privacidad. Suele avergonzarse un poco de su madre, muchas veces no le gusta cómo se arregla, tampoco lo que dice ni lo que hace.
  • A los catorce años, el comportamiento es muy variable, algunos niños suelen ser muy buenos compañeros, en tanto que otros se comportan bastante distantes. Los hijos acostumbran a mostrarse caballerosos con sus madres, y las hijas, si la relación ha sido buena, le hacen entrega de sus confidencias.
  • Los quince se constituyen en una edad crítica en relación con la libertad, que los jóvenes quieren lograr. No les gusta conversar, quieren su independencia, y no responden a las decisiones e imposiciones arbitrarias.
  • A los dieciséis años, ya la relación ha mejorado, el niño ha madurado, suele haber un vínculo de compañerismo y confianza, si la madre acepta que el niño ha crecido y lo trata como una persona independiente y autónoma.

Estas etapas descritas, pueden ser, y efectivamente los son, variables en relación con los ritmos de maduración del niño y de la familia a la cual pertenece, pero son las fases por las que frecuentemente atraviesa la relación madre-hijo. Eso significa que algunos niños o niñas pasarán por las mismas tal como son acá descritas, otros no, Así que no intenten que sus hijos o hijas encajen a la perfección.

Si querés conocer más de otros temas importantes para la educación de tus hijos y de vos mismo
Suscribite a mis boletines

¡No te perdás ninguno!

La Familia, la elección de pareja y más. muchos más.

Te garantizo que no voy a saturar tu buzón a cada rato ni te invadiré con Spam.

Tus datos no serán compartidos ni divulgados.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *