¿Por qué me dolés tanto mi Nicaragua?


No eran sangre de mi sangre, no eran carne de mi carne, no eran nada mío.

 

¡Pero me duelen!

Imagen1¡Me duele el alma, me duele la vida! ¡Me duele todo mi ser, todo mi pensamiento, todos mis sentimientos!

¡Más de 60 veces me duele!

Busco las razones que “justifiquen” esta matanza sin sentido, sin razón, sin argumentos, sin piedad, sin misericordia.

Y no las hay, no existen, no existieron. Ni moral, ni legalmente, ni espiritualmente existe nada en este mundo que justifique semejante barbarie.

Y eso, estimados, me duele mucho más.

¿Por qué los asesinaron así? ¿Por qué usaron fuerza letal contra quienes no tenían cómo defenderse? ¿A qué le temían si eran tan “minúsculos”? ¿Será que una idea tan “chiquitita” tenga más fuerza que la bala que asesina desde la oscuridad del cobarde?

Ni parientes tuyos eran. ¿Por qué claveas?, decía alguien en defensa del gobierno y su matanza.

Claveo porque un Deja Vú recorre mi ser. Las fotos de los rostros destrozados de esos estudiantes y jóvenes, del niño de 15 años que murió llevando agua a los universitarios, del joven trabajador que fue asesinado a golpes en Tipitapa, se confundieron con los rostros de aquellos amigos, compañeros y conocidos que murieron a finales de la década de los 70 y durante toda la década de los 80.

Y, como la mayoría de mi generación, no deseaba que esa historia regresara, no deseaba que mis hijas vivieran eso: “el miedo, el terror, la rabia, la impotencia, la desesperación”.

¡No quería!

Por eso ¡Me duele!

¡Me duele el dolor de esas madres, de esas esposas, de esos huérfanos!

Si a vos no te duelen, ¡cuánto lo lamento por vos!

Una matanza, una masacre contra estudiantes desarmados

Una matanza, una masacre perpetrada bajo el manto de la impunidad, de la ventaja, de la premeditación y la alevosía. Una masacre que supera, y con creces, a la matanza del 22 de enero cometida por la Guardia Somocista contra sus opositores; que supera a la masacre estudiantil del mismo Somoza en 1959; que supera la muerte del estudiante universitario Roberto González en el período de Arnoldo Alemán.

Lo lamentable, lo bochornoso de esta matanza ocurrida recientemente, es que se cometió bajo el mandato de un gobierno que se autodenomina “cristiano, socialista y solidario”. El Quinto Mandamiento del Cristianismo dice: “No matarás”. Este mandamiento prohíbe hacer daño a la vida de los demás y a la propia. Quitar la vida a otro o quitársela a sí mismo es pecado porque la vida es de Dios y sólo Él puede quitarla, nadie más.

La causa de fondo, el motivo real que originó estos asesinatos fue: “La intolerancia”. El no aceptar que otros piensen de otra manera, el no permitir que otros digan lo que sienten y piensan. Y aunque fuese un delito hacerlo, ¿por qué los mataron?

No existen, los ningunean

Han transcurrido más de ocho días desde iniciaron las protestas estudiantiles que desembocaron en la muerte de más de 60 personas (hasta la fecha). He vivido la angustia, la incertidumbre y el dolor de muchos nicaragüenses que, al igual que yo, estamos consternados con los resultados que dejaron estas protestas. Los ningunean, los desaparecen, los ocultan. Quizás piensen que “¿para qué se meten a esas cosas?”

¡Y me duele! Me duele que sigan apareciendo muertos en las morgues de los hospitales, la mayoría con señales de golpes en sus cuerpos y con balazos en la cabeza y/o la espalda. ¿Ejecutados a mansalva, asesinados por francotiradores?

Quizás varios de ustedes no concuerdan conmigo, es su derecho. Cada quien opina según su historia, según sus principios, según su ética, según su moral, según su conciencia. Pero debo señalar que el expresarme libremente acarrea reacciones positivas y negativas, incluso dentro de nuestras familias.

Genera divisiones, resentimientos, ofuscaciones y reclamos infantiles. Yo no estoy exento de esta situación, y estoy seguro que al escribir ésto, las reacciones tenderán a ser más radicales. Comprendo que se ofenda, pero es lo que siento y pienso.

Es lo que mis ojos y mi corazón vieron y sintieron. No necesito ser un erudito en materia de leyes de seguridad social, penales o de otra índole para comprender lo que pasa.

Basta leer el silencio oficial, las frases de desprecio hacia lo que ocurría, para comprender lo que se albergaba en los corazones de quienes promovieron esto.

Más de 60 muertos, más de 60 asesinatos.

¡Me duelen!

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