p a… p a… Papá


En este mes de junio, traté de hacer algo similar a lo que hice en mayo para honrar a las mujeres que asumen con entereza y ternura su rol de madres, pero hablar de los padres… me fue imposible. La única explicación que pude encontrar para semejante bloqueo la ubiqué en la historia. ¡Sí! En el rol que durante siglos nos ha asignado la sociedad, encontrando que ese rol, está totalmente opacado por la cultura comercial, por la cultura judeo-cristiana incrustada en nuestro ser a fuego y sangre, de tal forma que ni nosotros mismos somos capaces de celebrarnos el dichoso día.

¡Tamos jodidos todos ustedes!

Hace unos meses atrás escribí que: “Ser papá le cuereya”, y creo que no andaba tan perdido. No es fácil para nosotros los hombres, los varones, los machos, dejar a un lado nuestro clásico papel de protectores, proveedorres y preñadores; nuestro rol de “cara e´ palo”, de gorilas, de pijeadores, de lo que querrás ponernos, (total, somos culpables aunque comprobemos nuestra inocencia).

Ser papá sin esconder nuestras emociones

¡Aquí es donde la chancha se rasca! Pues no nos enseñan (ni a la fecha lo hacen) a ser personas con derecho a tener, con derecho aceptar y mostrar nuestras emociones. Cierto, ya no le dicen a uno que “es un marica, un cochón” si nos agarran llorando. Pero no dejan de pesar los siglos de incultura anglosajona, europea.

¡Preguntale a tu hombre! Tratá de averiguar qué piensa, qué siente, en qué nube anda volando.

¡Ajá, verdad!

Sale más fácil conocer qué piensa, qué siente la pared de tu cuarto que conocer ese mundo interior en el cual tu hombre navega. Y no te me hagás la sorprendida, porque aunque tratés de negarlo, en el fondo sabés que es así.

Tal vez te acordás de la reacción de tu hombre, de tu marido cuando nació o nacieron tus hijos o hijas, la tembladera y el sofoque cuando salieron corriendo para el hospital porque ya no aguantabas los dolores. Las veces que se regresó a buscar las llaves de la casa, los anteojos o el celular (o lo que fuera) y…, resulta que lo tenía en las manos.

Del sofoque que se tenía en los pasillos del hospital mientras te ingresaban y la enfermera cariñosa (¡tan lindas que son las enfermeras!) se tomaba su tiempo para llenar el papeleo.

Tal vez te acordás de cuando llegaron a la casa con el pedacito de gente en tus brazos, todo tapadito. Y él…, todo nervioso que ni agarrar al cipote podía, a veces ni quería por miedo a botarlo. Nada que ver con tu firmeza, decisión y capacidad para cargar al tierno, al “celequito” (como todavía dicen en el norte). Por cierto, ¿a vos quién jodidos te enseñó a cargarlo así, sin dudas, sin temores, con una seguridad de siglos en tus venas?

La sociedad nos hace completamente “inútiles” a la hora de mostrar el lado humano, el lado sensible de nuestras emociones. Si a esto le sumamos que un sector minoritario nos acusa de ser los únicos responsables del machismo, ¡tamos jodidos todos ustedes!

Creo que las mujeres sensatas más los hombres sensatos están aún en desventaja frente a esas 2 grandes posturas dizque “mediáticas” (ni idea de dónde sacaron la palabrita esa, pero como está de moda y no sabía qué poner, pues se la atraviesan en este texto). Estamos en desventaja tratando de construir una relación de pareja donde ambos, hombre y mujer, podamos compartir vida en equidad, y que cuando uno esté arriba del otro, sea sólo para gozarnos mutuamente, no para someter, humillar, pisotear. (No como decía una pobre señora: ¡Quiero verlos sufrir, porque con uno que pague, pagan todos! )

Una relación de pareja sin revanchas, porque el machismo no distingue de géneros, de razas, de clases sociales. Porque el machismo nos niega a los hombres el derecho de ser personas, de vivir a plenitud nuestras emociones; porque el machismo arrebata a las mujeres el derecho de ser personas, de vivir su cuerpo a plenitud.

Papá se escribe con P de “Perfecto”

Así es, nos piden perfección, excelencia humana, afectiva. Ser modelos para nuestros hijos e hijas, pero ¿cómo se hace? ¿qué botón apretamos? ¿dónde escondieron el manual?

Para lo único que nos educaron, nos educan y creo que nos seguirán educando es para asumir el rol de machos, de Proveedores, Protectores, Preñadores.

Que hay avances, eso no puedo negarlo. Pero la carne todavía está cruda, la sopa va pa largo.

Asumimos nuestro papel de padres a la zumba marumba, porque ni en la escuelas ni universidades se nos prepara para nada de eso. Las clases más cercanas tienen que ver con “métodos anticonceptivos, preservativos, aparatos reproductores, celibato, abstinencia, castidad, y ni juco de eso te sirve en la vida real.

Nadie se digna a mencionar que los afectos, las emociones, la ternura, la sensibilidad, la empatía, son vitales para vivir con otra persona, para educar, criar y compartir tu vida con tus hijos, con tus hijas.

Cometemos un montón de animaladas que nos carcomen por dentro, cuando de criar y educar hijos se trata. Nos llevamos a la tumba la culpa, el remordimiento, las añoranzas de lo que pudo ser y no fue en la relación con esos pedacitos de gente, con esos pedacitos de vida nuestra, con esos pedacitos de carne de nuestra carne.

Parimos a nuestros hijos, aunque no te suene normal. Asumimos los desvelos, las angustias, los miedos…, al igual que lo hacen ustedes mujeres. Pero no lo mostramos, no lo decimos.

Y si supieran CUÁNTAS GANAS TENEMOS DE QUE NOS RECONOZCAN ESO. Que nos digan que podemos ser personas con sentimientos, capaces de dar ternura. Si supieran cuántos hombres expresan con amargura esta situación ante un Psicólogo. (la paseada es que los Psicólogos, a veces no tenemos a quién decírselo).

¿Y vos ya le dijiste al tipo que tenés al lado o al que te anda rondando como zopilote, que tiene algo de bonito como padre? Porque lo tiene, buscalo y lo vas a encontrar.

Quizás somos por las cuajadas como personas, pero no se me olvida la frase que usó una de mis hijas para etiquetarme como padre: “Perfectamente Imperfecto”

Al menos a mí no me interesan los regalos, me atraen más los abrazos, las visitas de mi tropa y sus tropitas. Y sí, creo que nos merecemos que nos digan así, Perfectos dentro de nuestras imperfecciones.

Gracias mis niñas lindas, son mi cielo

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