La vida en Pareja: ideal – vs – real


La toma de decisiones

Tomar decisiones significa un aspecto primordial del proceso de la vida en pareja. Esto se convierte en una batalla a gritos o silenciosa, acerca de quién tiene derecho de decirle al otro lo que tiene que hacer. Cada vez que hay que tomar una decisión, uno de ellos se siente molesto con su pareja y consigo mismo. Esta clase de experiencia eventualmente desarrolla una sensación de tiranía y sujeción en la que los sentimientos de amar y ser amado, dejan de existir. Cada uno comienza a sentirse solo, aislado, colérico, traicionado, desengañado y deprimido -en otras palabras, una víctima. Ambos sacan a relucir su autoestima cuando hay que decidir algo. Después pasan por interminables pleitos, el amor y la comprensión se acaban.

Algunas veces, las parejas tratan de esquivar el problema de tomar decisiones, poniéndose de acuerdo para que uno de los dos sea el que mande y el otro acate sus decisiones. Otra salida es permitir que una tercera persona decida -un familiar político, tal vez, o un niño, o alguien de confianza fuera del círculo familiar-. A la larga, siempre se llega a una decisión. ¿Pero a costa de qué? ¿Y… cuál es el resultado?

Indudablemente, no hay nada tan vital para mantener el amor (o exterminarlo), como el proceso de la toma de decisiones.

Noviazgo -vs- Matrimonio

Consideremos ahora algo de diferente índole. Exploremos algunas de las diferencias básicas entre el noviazgo y el matrimonio y ciertos problemas implícitos en esas diferencias.

En nuestra manera de cortejar, los novios logran verse de acuerdo con un plan. Arreglan sus vidas de tal forma, buscando, literalmente, el tiempo para estar juntos. Cuando se reúnen saben que ese encuentro ha sido planeado de antemano. Esto naturalmente, le da a cada quien la sensación de que es una Persona Muy Importante para el otro.

Después de la boda, estos sentimientos están sujetos a cambios drásticos. El trabajo, la familia, los amigos e intereses especiales, rápidamente parecen adquirir tanta importancia, como el hecho de estar juntos. Cada uno siente que se ha transformado en una Persona Menos Importante a los ojos del otro. Durante el noviazgo, es fácil olvidar que el ser amado tiene familia, amigos, responsabilidades de trabajo y obligaciones propias. Todo esto reaparece y compite por su atención después del matrimonio, lo que conduce a la baja autoestima. Si uno de los integrantes de la pareja cree que lo es todo para el otro, y ahora tiene que compartirlo con muchas otras personas y actividades ajenas, no faltan comentarios como: “No sabía que estabas tan pegado a tu mamá”, o “No se me ocurrió que te gustara tanto jugar desmoche”, y a menudo conducen a serias desavenencias.

A menudo también, la persona se casa solamente conociendo una faceta de su compañero y luego espera que el resto de la personalidad esté de acuerdo con ese aspecto. Como el hombre que se casó con una mujer que siempre lucía bien arreglada, en contraste con su madre, que era desaliñada. Cuando su esposa algunas veces, por una u otra razón, estaba desarreglada, él la trataba con las mismas actitudes negativas con que trataba a su madre.

Muchas parejas cuentan con la ilusión de que como se aman entre sí, todo sucederá automáticamente. Comparemos esta situación con alguien que quiera construir un puente. No se va a lanzar a hacerlo por el simple hecho de que le gusten los puentes. Tiene que saber mucho respecto a este tipo de construcción. De la misma manera, las parejas necesitan saber el cómo (proceso) del matrimonio. Necesitamos del amor y del proceso para construir una familia, ninguno de los dos sirve por sí solo.

Si el “cómo” de su matrimonio no satisface adecuadamente sus esperanzas y sueños, el amor se apaga. Muchas personas están conscientes de que el amor se está apagando sin tener el más mínimo conocimiento que el proceso -el cómo del matrimonio- es el que está ahuyentando el amor.

El matrimonio, revela mucho más que el noviazgo respecto a las características de cada cónyuge. La mayoría de las veces, los enamorados no permiten conocer mucha acerca de sus defectos porque quizás piensan que si se llegan a conocer, el matrimonio no se llevará a cabo. No obstante, hay defectos que resultan obvios. No faltan enamorados que hacen planes para cambiar; otros, aceptan los defectos como uno de los aspectos del ser humano y viven de conformidad con ellos.

Es imposible vivir estrechamente ligado a otra persona sin que los rasgos menos agradables hagan su aparición. Esto es motivo de crueles desengaños para muchos. Las parejas desilusionadas, a menudo dicen: “No cabe duda que no se conoce bien a una persona hasta que se casa uno con ella”.

Una joven puede decirse a sí misma: “Toma demasiado, pero después de casados le amaré tanto que no volverá a probar el alcohol”. O el hombre puede pensar: “Se me figura que es un poco tonta, pero después de casados irá ampliando su cultura para complacerme”.

Para dos personas, el vivir juntas y formar una unidad, es difícil de por sí. Puede resultar muy satisfactorio lograrlo. Fracasar es terrible. Existen numerosas parejas que llegaron a amarse profundamente pero no pudieron lograr un matrimonio feliz porque no se entendieron. No supieron manejar el cómo, su proceso. De ahí que remarquemos que el proceso dependerá de cómo se administre la autoestima cuando esté baja, qué es lo que se espera del matrimonio y cómo se comunica.

Las exigencias del matrimonio

Uno de los problemas realmente básicos en nuestra sociedad es que la relación matrimonial se funda casi completamente en el amor y luego plantea exigencias que el amor por sí solo, nunca podrá satisfacer.

  • “Si me amas, nunca harás nada sin mí.”
  • “Si me amas, harás lo que yo diga.”
  • “Si me amas, me darás lo que quiera.”
  • “Si me amas, adivinarás lo que deseo, antes de que te lo pida.”

Este tipo de normas rápidamente transforma el amor en una especie de chantaje. Para ser más específicos, si siento que no valgo mucho, y si tú y yo tenemos una relación que se supone tiene por base el amor, me resulta fácil depender de tus halagos, tu atención, tu aceptación, tu dinero y así por el estilo, para sentirme bien. Si no me demuestras continuamente que vives para mí, entonces me siento poca cosa. Esto es una forma de “hablar de amor”, pero en realidad resulta un chantaje. Esta práctica pronto puede estrangular una relación.

¿Cuál es tu posición en la experiencia de amar y ser amado? Si enfrentas esta pregunta sin rodeos, te servirá para darle nueva forma a tu manera de actuar y bien puede prolongar el amor. Si pones en palabras tanto tus preguntas como las respuestas, tu pareja podrá saber lo que sucede contigo.

“La Bola de Cristal”

Otra manera de “hablar de amor” es con la técnica de la bola de cristal. En ésta, supones que porque alguien te ama y tú lo amas, debe saber con anticipación lo que necesitas, quieres, sientes o piensas, y actuar de acuerdo a ello. No hacerlo equivale a que no te aman. La verdad es que no importa cuánto nos amemos, el amor no me dice absolutamente nada acerca de si a ti te gustan o no las espinacas, o cómo te gusta que te las preparen.

Amor no significa igualdad

Otro mito que debilita y destruye el amor es la suposición que amar significa igualdad. “Tienes que pensar, sentir y actuar siempre como yo. Si no lo haces, es porque no me amas.”

Al principio una persona se interesa en otra por las semejanzas entre ellos, pero a la larga son las diferencias las que mantienen el interés. En otras palabras, si las personas nunca encuentran sus semejanzas, jamás se conocerán; si nunca llegan a conocer sus diferencias, jamás serán genuinos ni podrán desarrollar una relación auténticamente humana y saludable.

Las diferencias no pueden sortearse eficazmente hasta que se aprecien las semejanzas.

En cuanto al hecho de ser diferentes -muchos le temen porque lo ven como una causa de conflicto, el principio de una pelea y por lo tanto una amenaza que puede resultar mortal para una relación. Descubrir diferencias no necesariamente significa pleito.

Si te criaron en la creencia de que pelear es malo, entonces la amenaza de una pelea (real o imaginaria) te puede amedrentar y llenar de sentimientos de culpa. Sin embargo, un buen pleito no tiene que significar la muerte -por lo contrario, puede traer un mayor acercamiento y más confianza.

Son las diferencias las que nos brindan estímulo, interés y vitalidad. También nos traen algunos problemas. El reto está en encontrar la forma de enfrentar constructivamente nuestras diferencias.

¿Cómo aprovechar estas diferencias para convertirlas en oportunidades para aprender, en lugar de que sean excusas de una separación?

La pareja inteligente procurará conocer pronto sus diferencias. Tratarán de ver cómo pueden hacer para que éstas trabajen a su favor y no en su contra.

Si tu autoestima no está alta, hay ciertas cosas que habrá que aprender:

  • No existen don personas exactamente iguales; cada quien es único.
  • No hay dos personas exactamente sincronizadas, ni siquiera en similitudes. A las dos les puede gustar la carne, pero la prefieren cocinada de diferentes maneras y en distintos momentos.
  • No morirás por estar solo. La soledad periódica es una consecuencia natural de ser una entidad separada.

Para finalizar, estamos consciente de lo complejo y penoso que es desarrollar una relación satisfactoria y dinámica entre dos personas. Las maneras de enfrentarse a todas las complicaciones que surgen, generalmente se encuentran dentro de las siguientes recomendaciones:

  • Saber que la perfección es algo que no se puede conocer por anticipado y estar consciente de que son muy pocas las personas que actúan a propósito destructivamente, te ayudará a ver a tu pareja con alguien que se comporta como ser humano.
  • Debes tomar conciencia de ti mismo, establecer contacto con tu propio yo para después encontrar tu sitio en la vida y así adquirir fe y confianza.
  • Cada quien tiene que ser independiente. Nadie puede serlo por uno. Esto significa saber encarar lo que sea en el momento en que se presente, tanto para lo bueno como para lo malo. Significa no cargar con otro en perjuicio de ambos.

 

Tomado del libro “RELACIONES HUMANAS EN EL NÚCLEO FAMILIAR”

de Virginia Satir.

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