Hablar del duelo


¡No sé qué decirte!

Hablar del duelo en nuestro país no es común, mucho menos del dolor ni de la muerte. Vivimos de espaldas a esta realidad mientras podemos y sólo nos enfrentamos a ella cuando ya es inevitable. El desconocimiento hace que reaccionemos frente al duelo de una forma instintiva que, la mayoría de las veces, no es la más sana.

Aunque no te puedo negar que lo más sano es la búsqueda de aquello que nos brinda placer, felicidad, paz. Pero cuando del duelo por la pérdida de un ser querido se trata, ¡esto no es lo sano ni mucho menos lo correcto!

Ayudar a alguien que vive este trance no nos resulta chiche, ¡le cuereya! Casi siempre es porque ignoramos lo que hay que hacer y seguimos “la tradición” que nos han inculcado por décadas, por siglos: “lo siento mucho”. Palabras que suenan huecas para quien las dice y, mucho más, para quien las recibe. Pero lo seguimos haciendo, con la gran incomodidad que las mismas nos producen.

Es fundamental conocer las particularidades de este proceso: no sólo para distinguir las reacciones normales de las malsanas, sino también porque los dolientes necesitan conocer y comprender el porqué de lo que están pasando, las razones teóricas que les ayuden a explicar de manera sencilla lo que les sucede. ¡Eso en sí mismo ya es terapéutico!

¿Qué es el duelo?

Existen muchas definiciones para definirlo, cada una intentando comprenderlo, explicarlo como fenómeno. Lo cierto es que no existe una única manera de definir el duelo, ni tampoco existe una única manera de explicarlo ni una única manera de vivirlo. Duelo significa “dolor”

Una de las definiciones más aceptadas del duelo es que “se trata del proceso normal que sigue a la pérdida de un ser querido”. Esta definición implica ya varios aspectos:

  • El primero es que el duelo es un proceso, palabra que implica tiempo. No es que el tiempo lo cure todo, pero sí es verdad que los duelos no se resuelven en un mes, ni dos, ni tres. Aunque cada persona necesita una cantidad de tiempo diferente para elaborar su duelo, hay que ser paciente y no intentar acelerarlo.
  • Segundo, de que sea un proceso implica también que es algo activo, no es algo que ocurre y se resuelve solo con el tiempo, sino que hay cosas que hacer y decisiones que tomar para resolver adecuadamente el duelo.
  • Y tercero, el que sea normal implica que todo el mundo atraviesa un duelo tras la muerte de un ser querido. Eso es lo normal: que duela.

Aunque asumamos esa definición como la que más se acerca a nuestra forma de comprender o explicar el duelo, podríamos decir que NO EXISTE NI UN SOLO DUELO IGUAL A OTRO. Esto se debe a que el duelo se suma a todo lo que una persona es y, dado que no existe una sola persona igual a otra, no puede haber dos duelos iguales.

Podría decirse que el duelo es como una transparencia que se superpone a las características personales de cada individuo: cada una de esas peculiaridades modulará el duelo haciéndolo único, o, lo que es lo mismo, habrá que restar al duelo lo que una persona ya es para poder ajustar el tratamiento a las expectativas.

La muerte de un ser querido no hará que alguien se vuelva más romántico, más dulce, más sensible o más responsable. Si una persona es muy sensible, lo seguirá siendo durante el duelo y, si es muy rígida, manejará su duelo de forma rígida. No cabe esperar que todos nos comportemos igual durante el duelo, ni tampoco que las expectativas sean las mismas.

¿Qué no es el duelo?

  • Una enfermedad. La persona en duelo no está enferma, aunque tenga determinados síntomas o le parezca que lo que siente es demasiado intenso. A menudo el doliente se siente y se describe como un enfermo.
  • Una depresión, aunque comparte casi todos los síntomas con ésta. Freud decía que la diferencia fundamental entre un duelo y una depresión es que en la depresión hay pérdida de autoestima y en el duelo, no. Sin embargo, este debate sigue generando mucha controversia hoy en día y está siendo objeto de una discusión más amplia.

Etapas o Fases del Duelo

Al igual que con la definición, existen muchas teorías, te presento la que creo puede ser la menos complicada y la más cercana a lo que yo he experimentado.

  • La Negación: La primera reacción de una persona que sufre una pérdida es levantar sus primeros mecanismos de defensa para postergar, aunque sea un poco, el impacto de la agresión que la noticia necesariamente implica. Esta primera barrera defensiva lo lleva a decir y sentir: no quiero, no puede ser, debe de ser un error. La persona se convence de que ha habido una equivocación. La negación es un mecanismo de defensa que nos acompañaba a lo largo de toda nuestra vida y ante la noticia de una pérdida se hace presente para conceder una tregua entre la psiquis y la realidad. En la negación existe una búsqueda desesperada del tiempo necesario para pensar en el futuro de manera más serena, tomando distancia temporal de lo que sucede, buscando una más saludable adaptación al evento que apareció demasiado abruptamente. La negación es un verdadero intento de amortiguar el efecto del primer impacto.
  • La Negociación con la realidad: Esta Fase del Duelo refiere a la persona al pensamiento mágico más primitivo. Aparecen las ideas de negociar la realidad. Se piensa en hacer un trato con la vida, con Dios, con el diablo, con el médico, si la pérdida es de salud. La negociación es una nueva conducta defensiva que trata de evitar lo inaceptable; un canje que pretende restitución a cambio de buena conducta. La gran mayoría de estos pactos son secretos y sólo quienes los hacen tienen conciencia de ello.
  • La Depresión: Finalmente todos los pasos anteriores se agotan y fracasan en el intento de alejarnos de la realidad. La depresión suele aparece con sentimientos de angustia e ideas circulares y negativas. Lo particular en este caso es que estas ideas no son sólo la causa de la depresión sino también y sobre todo su consecuencia. La depresión es más bien el resultado de la conciencia de lo ya perdido. Por supuesto que, como es predecible, esta etapa se resuelve más rápidamente cuando la persona encuentra el coraje y el entorno donde poder expresar la profundidad de su angustia y recibir la contención que necesita frente sus temores y fantasías. La depresión es la fase del duelo donde más se atascan las personas. Pero hay una emoción que según nos permitimos expresar nos va sacando poco a poco de los síntomas depresivos, y esta emoción es la ira.
  • La ira: Cuando la persona ve por fin la realidad, intenta todavía rebelarse contra ella, y entonces sus preguntas y sentimientos cambian. Nacen otras preguntas: porqué yo, porqué ahora, no es justo, y aparece el enojo con la vida, con Dios y con el mundo. En ocasiones la persona expresa una ira que inunda todo a su alrededor; nada le parece bien, nada le conforma, y su corazón destila dolor, odio y rencor. Y aunque parezca mentira, su autoestima atropellada por la realidad se da cuenta de que lo que necesita, es expresar su rabia para poder liberarse de ella.
  • La Aceptación: Llegar aquí requiere que la persona haya tenido el acompañamiento y el tiempo necesarios para superar las fases anteriores. La aceptación solamente aparece cuando la persona ha podido elaborar su ansiedad y su cólera, ha resuelto sus asuntos incompletos y ha podido abandonar la postura auto discapacitada ante la depresión. Sea como fuere y más allá de cuánto se tardó en llegar hasta aquí y cuánto esfuerzo haya demandado, a esta etapa se llega casi siempre muy débil y cansado. Esto se debe al esfuerzo de renunciar a una realidad que ya no es posible. Ahora, como regla general, uno prefiere estar solo, preparándose para su futuro, y hacer evaluación sobre el balance de su vida; una experiencia que siempre es personal y privada. Las personas que llegan a esta etapa de aceptación suelen conquistar en su interior, por fin, un remanso de paz.

Las Tareas del duelo

  1. Asumir la realidad de la pérdida. Íntimamente relacionada con esta tarea está la cuestión de qué hacer con las pertenencias del fallecido. Tanto la decisión de deshacerse de ellas inmediatamente como la de conservarlas, como si el fallecido fuera a volver nos hablan de un bloqueo total o parcial de esta primera tarea por parte del doliente.

Los bloqueos de esta tarea pueden manifestarse de distintas formas:

  • Hablar del fallecido en presente, como si estuviera vivo.
  • Mantener la habitación tal y como la dejó, como si éste fuera a volver
  • Retirar todo de la habitación, como si el fallecido nunca hubiera existido.
  • -Tratar de comunicarse con el fallecido a través de médiums, espiritismo, etc.
  • Imaginar finales diferentes planteándose preguntas del tipo “¿Qué hubiera pasado si…?”.

El modo de apoyar en la primera tarea es pedirle al doliente que nos cuente cómo murió su ser querido, para que recopile datos reales en relación con la muerte.

  1. Elaborar las emociones relacionadas con el duelo (dolor tristeza, enfado, ansiedad o culpa). “Los duelos duelen y no se puede hacer nada por evitarlo”(Bucay, 2006). Los familiares que tratan de “distraer” al doliente o las personas que “ocupan” todo su tiempo para que no sienta su dolor, interfieren o interrumpen esta segunda tarea.

Esta tarea puede bloquearse al no permitirse sentir las emociones o estancarse excesivamente en una de ellas. Otras formas de bloqueo son:

  • Centrarse sólo en los recuerdos positivos del fallecido.
  • Evitar todo contacto con emociones, recuerdos o pensamientos relacionados con el fallecido.
  • En el bloqueo de esta tarea también resulta clave la concepción que exista del duelo y de cómo debe vivirse en la sociedad a la que pertenezca el doliente.
  1. Aprender a vivir en un mundo donde el fallecido ya no está presente. Esto guarda relación con la propia identidad: ya no se es el marido o la esposa del fallecido, sino su viudo o viuda. Está relacionado con los roles que desempeñaba cada uno, con hacerse cargo de tareas y cometidos distintos a los que antes desempeñábamos. Los dolientes suelen tener muchos problemas para superar esta tarea, ya que les exige redefinir todos los elementos en los que se apoyan para autodefinirse, así como asumir responsabilidades de las que se encargaba la persona ausente y para las que no suelen verse capacitados.

Esta tarea puede bloquearse si la persona no es capaz de desarrollar habilidades de afrontamiento, o pierde ocasiones para incorporar nuevas habilidades, aislándose y volviéndose dependiente.

  • La ayuda para elaborar esta tarea puede orientarse hacia la identificación de los nuevos roles que el doliente debe asumir; planificando poco a poco las tareas que debe realizar y reforzando los pequeños avances y cambios de rol que vaya asumiendo.
  1. Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo. Esto enlaza con la idea de “guardar” al fallecido en un lugar que es sólo nuestro, sin hacerle un altar ni renegar de sus recuerdos. Se trata de entablar nuevas relaciones, de vivir y no limitarse sólo a sobrevivir
  • Esta tarea tiene que ver con recuperar la ilusión de vivir A veces queda sin resolver; por lo que el duelo se cronifica. Cualquier actitud personal del doliente que esté relacionada con la idea de no volver a disfrutar de la vida es un indicador de bloqueo.
  • La elaboración de esta tarea lleva a muchas personas a revisar su identidad de manera profunda, dando inicio a un proceso de crecimiento personal, al reelaborar los esquemas y valores que hasta entonces configuraban su visión del mundo y de sí mismos.
  • La elaboración y duración del duelo está intrínsecamente relacionado con la elección personal del doliente, que en algún punto de su camino deberá decidir si continúa en duelo o no. El resultado será la superación del proceso o su bloqueo.

 

Las tareas no tienen por qué realizarse en un orden concreto, ni son sucesivas, es decir: no es necesario completar cada una de las tareas antes de pasar a la siguiente.

Te comparto este videito que resume un poco este asunto, espero te sirva

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