¿Cómo puedo ayudarle a mi hijo(a) a decir no a las drogas?


Frente al avance que muestran las drogas hoy en día, muchos padres/madres de familia nos hemos hecho precisamente, esta misma pregunta. Lamentablemente, las respuestas que encontramos no son las más adecuadas.

Se nos está haciendo imposible el poder luchar contra “la plaga del siglo”. Plaga silenciosa que avanza dejando a su paso una estela de jóvenes alienados y destruidos. En ocasiones, muchos padres y madres, por miedo a tocar el tema con sus hijos, o por considerar que no tienen la autoridad moral para hacerlo, facilitan la labor de quienes introducen a sus hijos en el mundo de las drogas.

El que calla otorga, reza un dicho popular, que no por ello deja de ser sabio. El permitirles a los hijos decidir libremente qué hacer, con quién salir, cómo disfrutar de su tiempo libre, sin la más mínima supervisión y orientación, sólo deja el paso abierto para que ellos inicien la conquista de su medio con el riesgo de equivocarse con mayor frecuencia y facilidad que otros jóvenes que sí reciben el apoyo, el control y la supervisión de sus padres.

¿Padres ridículos o responsables?

Nos hemos encontrado con padres de familia que plantean que en su caso, ellos no ejercen su autoridad sobre sus vástagos, porque temen “hacer el ridículo o que se les tilde de anticuados”. El argumento que usan es el de que la sociedad y la humanidad han cambiado y las formas de educación tienen que hacerlo también.

Cabe preguntarse si la antigüedad de algo determina su ineficacia de forma automática. Yo opino que no es tan así. El querer estar a la moda, a tono con los tiempos modernos y la educación, no implica el que cedamos terreno frente a factores tan sencillos de manejar y controlar, como la formación y educación de los hijos, que nos corresponde, por obligación, única y exclusivamente a los padres y madres de familia.

Es muy doloroso el tener que observar a niñas y niños de escasos 12 – 14 años de edad bajo los efectos del licor, en situaciones que lesionan su dignidad, su salud y su autoestima, quizás más que una educación ridícula o anticuada, como muchos han dado en llamar a las normas y reglas de convivencia familiar que hacen énfasis en los límites, responsabilidades y derechos de los miembros de un núcleo familiar. Triste es ver en los parques la molotera de cipotes fumando mariguana a vista y paciencia de todo el mundo.

He conocido de casos de familias en las que los hijos tienen “la total y plena libertad” de salir cuando quieran y con quien quieran, sin tomarse la molestia de informárselo a sus padres, ni estos últimos de averiguarlo. Los resultados de este tipo de educación son catastróficos en sus hijos, que precisamente son los que consumen, mayoritariamente, alcohol, tabaco, mariguana y otro tipo de drogas.

Las amistades y las fiestas

Quizás este sea el punto donde se observa con mayor claridad el tipo de reglas que rigen en una familia. Está muy de moda entre algunas familias el que los hijos realicen sus fiestas sin la presencia de ninguna persona adulta. Que se consuma abiertamente todo tipo de licores y que las conductas afectivas (las prensaderas y chacobeaderas) no tengan límites de ninguna clase. Existe otro grupo de familias que manifiestan su preocupación ante estas situaciones, dado que sienten que sus esfuerzos por educar sanamente a sus hijos, se ven desbordados por “las costumbres modernas” de esas otras familias.

Caso especial merecen las giras del fin de semana a “las discos de moda” y “la estancia de Semana Santa en San Juan del Sur”. Triste espectáculo el ver a cipotitas menores de edad haciendo el show en las barras, en las playas y en las calles “hasta el cereguete”.

Se me hace imposible concebir el que en una fiesta de adolescentes, promovida por sus padres, se permita el consumo irrestricto de licor, tabaco y, es casi probable, de otras drogas, ya que no hay presencia alguna de personas adultas que garanticen que no se den este tipo de situaciones. Me sorprende el que las muchachas adolescentes ingieran más licor que los mismos muchachos y que no reciban ni siquiera una amonestación de sus padres al llegar a sus casas en completo estado de ebriedad. Que salgan de sus casas a cualquier hora del día y regresen a altas horas de la madrugada, sin reportarlo a sus padres y éstos sin molestarse en averiguarlo.

Y no es que queramos darle lecciones de moral a nadie, pero sucede que las drogas en Nicaragua han dado un repunte mayúsculo, y que los expendedores de las mismas aprovechan a los jóvenes de estas edades para inciarlos en el consumo de las mismas y garantizarse, así, sus ingresos económicos, a sabiendas de que la mayor parte de jóvenes que estudian en colegios privados, provienen de familias con alguna comodidad económica. No debemos permitir que siga volviéndose algo usual el que en las fiestas de adolescentes, donde acostumbran ir nuestros hijos, existen las famosas “barras libres”. Las estadísticas hablan por sí solas (No he podido encontrar otro trabajo actual sobre este tema, ni tan profesional como el de esa época, pero es de suponer que el asunto ha aumentado):

según la encuesta aplicada en enero de 1995 por el programa televisivo “ESTA SEMANA” el 50.3% de jóvenes, de un total de 804, habían consumido alcohol. El 16% planteó que ingieren licor cuando están en las fiestas. 11.35% afirman que les relaja. 10.6% lo hace para olvidar sus problemas. 24.5% no especificó sus razones”. 

Otro dato interesante de esa encuesta es lo que piensan los jóvenes que debe hacerse para evitar el consumo de las drogas:

“68% dice que debe haber un mayor control y comunicación con los padres. 66.4% que debe existir mayor información y educación.

En otras palabras, enfocan una necesidad de comunicación con la familia y la sociedad, que expresan problemáticas importantes de la juventud en estos dos sectores.

Quisiera que mis puntos de vista se vean como expresiones de preocupación muy grande por el futuro de muchos de nuestros hijos. El poder conversar libremente con jóvenes de distintas edades me da la posibilidad de ver más allá de lo que usualmente vemos los adultos. La orfandad en la que los jóvenes se encuentran no deja de ser alarmante. Escuchar sus historias acerca de sus relaciones familiares, de sus fiestas y recreaciones; oír sus opiniones sobre sus compañeros que consumen alcohol, que se conducen en sus relaciones afectivas de manera inapropiada, me permite hablar de la forma en que lo estoy haciendo.

Sé de muchos cipotes que no reciben ni la más mínima preocupación de sus padres, a pesar de que viven situaciones de alto riesgo, así como las opiniones de estos adolescentes frente a esa actitud parental de abandono. El dolor que les causa y el desprecio por la vida al que les han conducido. También conozco de la preocupación de otro grupo de padres por estar con sus hijos, de orientarlos y ayudarlos; me constan sus esfuerzos por encontrar a más padres/madres de familia que piensen como ellos y formar un frente común para detener el deterioro de la juventud y brindarles a sus hijos una esperanza que les permita ver la vida con mayor fe y optimismo. Quieren cooperar para aportar su granito de arena y cambiar un poco esta sociedad alienante y esquizofrenizante.

Para finalizar, yo quisiera preguntarles, ¿están ustedes dispuestos a regalar a sus hijos a ese submundo de miseria humana? o ¿desean pertenecer a ese grupo de padres que luchan por hacer de sus hijos personas de bien? Queda en sus manos la decisión y la suerte de su prole.

Si querés ver un poco más, te dejo este enlace de mi canal en https://youtu.be/rcnXO4bm0jg

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