Cómo ponerle Límites a los Hijos


“Muchos padres no saben cómo reaccionar ante un hijo encaprichado o rebelde. Tienen miedo a los límites, temen al autoritarismo…. Pero no es lo mismo la verticalidad militar del ordeno y el mando, que la horizontalidad de las leyes que todos debemos cumplir”.

Poner límites a los hijos es un trabajo complicado para muchos padres y madres, que los llena de miedos y culpas, especialmente hoy en día que se habla tanto de “el maltrato infantil”. Pero, ¡ojo billar!, los límites no debemos omitirlos – porque los niños los reclaman constantemente -, ni confundirlos con órdenes, ni imposiciones caprichosas y absurdas: “¡Lo hacés porque yo digo y punto!”

Cuando de criar a un hijo se trata, son muchas las cosas que éste necesita. Cualquier niño es un terremoto abrumador de deseos y carencias, que se manifiestan de muchas formas, o sea, tenés que estar pendiente de la comida, el apapacho, las medicinas, los juguetes, sacarlo a pasear, acompañarlo en las tareas, etc. Todo esto y mucho más, es lo que piden los hijos.

¿Cómo lo piden?

Las formas en que manifiestan sus demandas pueden ser de lo más variadas, desde el llanto hasta la petición empalagosa y seductora o la rabieta. Y uno como papa o mama, casi nunca sabe a qué atenerse. Pero de todo ese cachipil de cosas que un hijo pide -y necesita – podemos hacer un buen colado, un buen tamizado, para distinguirlas.

Un tierno que llora, puede estar enfermo, con hambre o sueño; necesita alimentos, cuidados o descanso. Un cipote de seis años que espera que su papa regrese del trabajo, para pedirle que juegen, puede estar pidiendo atención. Pero un chavalo que pelea con sus hermanos, o grita y se encapricha por casi todo, o que no quiere ajustarse a un horario mínimo, como el de acostarse o comer, está pidiendo otra cosa. Ese niño está pidiendo LÍMITES, aunque parezca un pedido extraño.

aggressive-1748701_1280Es típico que cuando de llantos se trate, logremos descifrar lo que éste significa en un chiguín, hambre, sueño, pañales…, pero cuando de LÍMITES se trata, no encontramos la forma de ponérselos a nuestros hijos. Pero nos guste o no, querramos o no, tarde o temprano, vamos a chocar con este rollo, con este madre clavo. No hay forma de pasarlo por alto.

El problema es que la necesidad de los límites siempre se presenta en situaciones confusas, y fácil es pensar que con atender y satisfacer la demanda solucionamos el problema. Simple, si el chavalo llora en el súper frente a las chiverías, todo se resuelve comprándole lo que pide; si no quiere irse a dormir, que se quede despierto hasta la hora que le ronque. Es la forma de decirle siempre que sí. La bomba no revienta en ese momento, revienta en la adolescencia.

Ahora bien, de que “los chiguüines piden límites” no es un invento de los loqueros, de los Psicólogos. Los hijos están pidiendo que su papa y su mama les acompañen, que les guíen, que tengan sobre ellos una legítima autoridad que no se base en el terror al fajazo, al chancletazo, al pescozón, al galletazo. Quieren padres y madres que sean capaces de decirles “no” cuando es necesario. Esa autoridad es una forma de protección; si todo les está permitido, entonces ellos son los dueños de todo, nada los detiene, pero nadie les protege. (Un papa y una mama diciendo que no, son la presencia efectiva de alguien que les está cuidando).

son-2106231_1280.pngMuchos padres y muchas madres, no saben cómo reaccionar ante los hijos encaprichados o rebeldes. Tienen miedo a los límites, temen al autoritarismo (¡Uy, sos represiva, sos tirano! ¡Avión pues!) Con esa capacidad de crear confusiones que el miedo tiene, las reglas son equiparadas a órdenes. Pero no es lo mismo la verticalidad militar del “ordeno y mando” que la horizontalidad de las leyes que todos debemos cumplir. También es posible que los padres se sientan culpables cuando tienen que poner límites. Creen que porque les negaron algo a sus niños, o porque los obligan a hacer tal o cual cosa, están haciendo algo que les lastima. ¡Babosos! Esa vaina la han fomentado personas que ignoran los mecanismos psicológicos que se esconden tras los límites, tras las normas. ¡Pobrecito, lo estás traumando!, sin ponerse a pensar que estamos construyendo una generación de INÚTILES.

Otra cosa que impide ver con claridad el asunto, es la herencia que ambos padres tengan y arrastren de sus familias de origen (Cómo los criaron). Es común que una persona que ha sido criada por padres muy autoritarios tienda a repetir dicho autoritarismo o, todo lo contrario, se pase al extremo opuesto, y sea completamente permisivo, supuestamente porque él sabe lo que duele y el daño que puede hacer. De Guatemala, pasamos a Guatepeor y el resultado termina siendo el mismo: ¡Hijos e hijas incapaces y llenos de miedo!

¿Qué es un Límite entonces?

stop-1013960_1920¿Es una orden, una sentencia, un castigo…? “Hagámonos esclavos de las leyes si queremos ser libres”, decía Cicerón, el célebre orador y político romano.

Y quizá esta frase puede ser tenida en cuenta en el marco de una familia que está criando a sus hijos. Porque, básicamente, el límite no es una orden que se da a un subordinado, no es una sentencia que dicta un juez, no es el castigo impuesto por quien ostenta el poder.

Así como los adultos necesitan reglas que los protejan, los niños también necesitan dicha protección. Si se piensa en los límites como leyes, el temor al autoritarismo desaparece. No se trata de decir: “Se acabó la tele, a dormir porque yo lo digo”, se trata de explicar que existen pautas a cumplir. “¡Es hora de dormir porque mañana hay clases, se acabó la tele!”

Poner esas pautas no es fácil, los cipotes crecen y cambian día a día. Una regla puesta hoy pierde su validez mañana, entonces, ellos reclaman una regla nueva. Pero detectar esta necesidad es parte del trabajo de un padre y una madre. ¡Salao Pescao!

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