Tipos de Madres


Algunos tipos de Madres

Algunos estudiosos de la relación madre-hijo, han hecho una clasificación de las madres, y aunque parece injusto que no se haya efectuado una clasificación similar de los padres, voy a intentar describir algunos comportamientos típicos maternales, que dificultan el desarrollo infantil.

Por supuesto que una mamá es siempre más que la descripción de cualquier tipología. Pero es posible que al darse cuenta de que pueden estar cayendo sistemáticamente en una forma de actuar que perjudica al niño, se animen a cambiar.

Madres Impulsivas

¡Te dije que lo hicieras ya!

  • Sus reacciones dependen más bien de sus estados de ánimo, que de pautas objetivas que orienten sus actitudes frente a su hijo.
  • No se trata de que estas madres no tengan una opinión acerca de cómo educar al hijo, pero su estado de ánimo prima sobre la actitud reflexiva acerca de lo que el niño necesita. Si está de mal genio es capaz de lanzar los peores insultos y amenazas por un problema insignificante. En cambio, una falta de mayor peso puede pasar desapercibida o juzgarla de una manera muy comprensiva si ella está “de buenas”.
  • Por supuesto que es difícil ser estable, sin embargo, hay que intentarlo, ya que una actitud inestable hace que el niño genere cuadros de tipo ansioso, ante la imposibilidad de predecir la reacción de los adultos.
  • Estar expuesto a una madre que a veces es rechazadora, otras hipercrítica, en otras demasiado cariñosa, prácticamente garantiza que sus hijos vayan a tener relaciones muy poco estables con el mundo externo. A veces, una mamá sabe lo que sería correcto hacer, pero, se siente dominada por la situación.

En ese momento lo más aconsejable es tomar un poco de distancia de la situación y evitar reaccionar en forma inmediata. Salir a caminar, leer un libro, encerrarse un rato a solas en el cuarto, le permitirá ver el problema en su verdadera dimensión, y así logrará ser más reflexiva.

Madres Sobreprotectoras

¡No te mojés!

  • Son madres que por exagerar el cuidado y la protección del niño ahogan las posibilidades de desarrollo y autonomía de los hijos.
  • No permiten que nadie haga las cosas por ellas y tampoco aceptan de muy buen grado que el niño “se eche a perder aprendiendo”, o que mientras aprende, sea más lento o cometa algunos errores.
  • En general, son madres llenas de temores por lo que les pueda suceder a sus hijos, y los agotan con sus cuidados. Como resultado, sus hijos son dependientes, inseguros, atemorizados y poco creativos.

Madres Hipercríticas

¡Te estoy viendo!

  • En algunas partes hemos aprendido que “criticar es educar”, sin embargo, “educar es enseñar y no corregir”.
  • Estas mamás, como casi todas, tienen muchas esperanzas puestas en sus hijos. Quieren que sea inteligente, hermoso, tenga buenos modales, etc., y para conseguir estas metas están constantemente puntualizando los errores del niño: “no pongás los codos en la mesa”, “lavate la cara”, “arreglate la camisa”, “ordená tu cuarto”. Estas frases repetidas una y mil veces, empiezan a no ser oídas por el niño, por lo repetidas que son.
  • El sistema de criticar todo, además de no ser efectivo, crea una sensación de asfixia, que a la larga llevará al niño, a no sentirse aceptado en su mundo familiar y buscar aceptación en otras partes. Brindan a los hijos excesivos cuidados y atenciones, haciendo en muchas ocasiones, las tareas y actividades que el hijo debe realizar. O bien, cubriendo sus errores, ante los demás.

Madres Ausentes

¿Y mi mami?

  • Son madres que, a pesar de tener la custodia legal de sus hijos, se las arreglan para estar ausentes. En cierta manera, estas madres rechazan la maternidad y/o al hijo; en general, delegan sus funciones en otras personas: abuelos, empleadas, etc.
  • No son agresivas físicamente, pero sólo están dispuestas a dar a sus hijos el tiempo que les sobra. Muchas veces “a los niños no les falta nada, van a buen colegio, tienen buena ropa y alimento”. Pero necesitan la presencia afectiva de la madre.
  • La maternidad es una relación personal intransferible. Si existiendo la mamá, falta su presencia activa y estable, el niño se sentirá solo y poco seguro.

La Madre Separada

¡Game Over!

  • En la mayoría de los casos de separación de la pareja, la tutela de los hijos es responsabilidad de la madre. Es importante entender que, ciertamente, la misión de educar a los hijos en esta situación, se complica y es necesario tener algunas cosas en claro.
  • La separación es de los padres y no de los hijos. Por tanto, salvo circunstancias muy extremas, es fundamental permitir al niño ver con regularidad a su padre. Hay que velar por la salud mental del hijo, cualesquiera sean los resentimientos en contra de la pareja.
  • Deteriorar la imagen del padre no es una agresión al padre, sino al niño, en la medida en que se descalifica a la persona con quien debe identificarse. Sería falso, tal vez, hablarle bien, pero es preferible no dañarlo. El niño necesita la imagen paterna para crecer.
  • A veces, ante la falta del padre, la madre concentra la autoridad, exige tareas, hábitos, en tanto el papá lo saca a pasear o a divertirse. Hay que librarse de ese papel esclavizante de ser una autoridad rígida. Por supuesto que puede ser, pero en forma ocasional, permitiendo un espacio y un tiempo para pasarlo bien con el niño.
  • ¿Qué tal si un día, después de la oficina, sale a comerse un helado y a pasear con sus hijos, y olvida sus obligaciones de tal manera que no se transforme en “la mala de la película”?

La Madre que Trabaja

¡Hay que buscar el agua!

  • A nadie se le ocurre hoy día plantearse el hecho de si es conveniente o no que la mujer trabaje.
  • Algunas lo hacen por necesidad, otras por desarrollar sus intereses personales o profesionales. Pero también es un hecho que mientras van adquiriendo nuevos roles, éstos se suman a los anteriores. Con frecuencia, en este ampliar los intereses, no sólo la mujer se plantea hacerlo bien en su campo de trabajo, sino que intenta perfeccionar los otros (ser una mamá perfecta, ama de casa excelente, una mujer físicamente atractiva e interesante, etc.).
  • Ciertamente, los nuevos roles complican la tarea, pero a medida que la mujer amplía su posibilidad de acción, se perfecciona y gana en seguridad y confianza en sí misma.
  • Si en el mundo del trabajo desempeña las tareas que se le asignan con seriedad, sabe analizar situaciones, organizarse, y si estas habilidades adquiridas las aplica en su casa, sin duda su desempeño en el hogar se verá enriquecido.
  • Para ser una buena madre es primordial entregar amor al niño en una actitud tranquila y satisfecha. Si al quedarse en casa la madre lo hace con resentimientos y una sensación de frustración, que contribuye concretamente a “los sacrificios” que debe hacer por el hijo, la compañía que entrega no será fuente de seguridad afectiva, que a menudo estará hecha sin alegría. El trabajo fuera de la casa tiene ventajas y desventajas, y es necesario pensar en cada caso particular: ¿qué hacer?
  • Entre las ventajas del trabajo está la ampliación del mundo cultural que experimenta la mujer que trabaja, por los mayores contactos que tiene, aumento de la seguridad e independencia económica.
  • Entre las desventajas se destacan la ausencia prolongada de la casa y la sobrecarga del trabajo doméstico. El riesgo mayor de la mujer que trabaja fuera es que el cansancio y las tensiones experimentadas la pongan de mal humor, se irrite fácilmente, y esté poco dispuesta a compartir su tiempo libre con sus hijos.
  • Si esto sucede será conveniente plantearse, quizás no el trabajo, pero sí la forma de asumirlo, y estudiar la posibilidad de que el trabajo de la casa sea compartido.
  • Los niños necesitan una madre atenta y preocupada por sus intereses para sentirse felices y valorados. El corto tiempo que se dispone para los hijos debe ser compensado por “la calidad” de él. Pero es bueno no hacerse trampas para que se tenga una buena calidad en la relación; un mínimo de tiempo con ellos es esencial.
  • Quizás es bueno realizar en forma entretenida algunas cosas juntos, como las compras, la limpieza del área de la casa, cocinar, armar rompecabezas. Además, en este compartir, los niños pueden aprender a hacer las cosas en forma autónoma.
  • Si el perfeccionamiento no es una virtud, sino un defecto, en las madres que trabajan es especialmente aconsejable “erradicar” la obsesión por un orden o limpieza perfectos. Si no lo logran, tal vez toda su energía se agote en el orden, y pierdan la capacidad de recibir, sentir y expresar ternura.
  • Es posible que algunas mujeres culpen al trabajo por ser incapaces de expresar amor y por no poder dedicarse a los niños; pero, aunque estuvieran en casa, de nada les serviría. Una mamá que quiere a sus hijos encontrará tiempo y forma para entregarles ternura y afecto.

Cosas que las Madres hacen y que los y las Adolescentes Rechazan

  • Que les registren sus gavetas y sus pertenencias.
  • Que escuchen sus conversaciones.
  • Que hablen mal de sus amistades.
  • Que se comparen con ellos.
  • Que les digan: “cuando yo tenía tu edad…”
  • Que les repitan un reproche mil veces.
  • Que resalten sus defectos y nunca sus virtudes.
  • Que cuenten a otras personas cosas íntimas de ellos.
  • Que les alaben en público.
  • Que peleen con su cónyuge frente a ellos.
  • Que hablen de ellos como si estuvieran ausentes.

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