3 modelos de padres/madres en la educación de los hijos (as)


¿Vos sabías que al educar a tus hijos estás reproduciendo la forma en que te educaron tus padres cuando eras chavalo? Esa forma o estilo de paternidad y maternidad que cada pareja imprime a la educación de sus hijos, tiene una relación directa con la historia de vida de cada uno de los progenitores y de los deseos de superación y de cambio que posean. Por tal razón, uno debe suponer que estos estilos tendrán una influencia importante e imborrable en el desarrollo de la personalidad de tus hijos.

Si vos y tu pareja saben cómo proceder con sus hijos al aplicar las normas de disciplina, buscando el equilibrio entre la firmeza, el amor y el respeto, sus vástagos serán más confiables, tendrán más autocontrol y vivirán sus vidas con mayor optimismo y felicidad. Quiero presentarte un pequeñísimo esquema de clasificación de los tipos de padres que suelen encontrarse en estos dorados tiempos:


PADRES AUTORITARIOS: o inflexibles. Se caracterizan por ser “fuertes para gobernar, pero débiles para apoyar y amar”. Valoran el control y la obediencia sin cuestionamiento, empleando mucho el castigo y poco el diálogo, el cual tienden a desestimular. Piensan que la obediencia es una virtud. Son del criterio de que la desobediencia es un acto de desafío, de rebeldía y, por tanto, debe castigarse ya. Su palabra debe ser aceptada por sus hijos como verdad absoluta. Son más desprendidos y menos amorosos que otros padres.

Sus hijos:

  • Tienden a ser hostiles hacia sus padres o cualquier otra figura de autoridad. Participan con mayor frecuencia de actividades que rondan lo antisocial (pleitos, mentiras, vagancia, drogas, etc.)
  • Socialmente son poco adaptados, contando con muy pocas amistades. Rechazan con firmeza toda moral social y la desafían. En tales actos no es raro verlos coquetear con el mundo de las drogas.
  • Este tipo de padres ven la religión como un dogma vertical al que deben obedecer todos en casa al pie de la letra, o bien rechazan o impiden el desarrollo espiritual de las demás personas.
  • Carecen de la capacidad necesaria para perdonar a otras personas. No admiten sus propios errores ni los ajenos. No promueven la unidad familiar, más bien promueven una mayor alejamiento en el seno de la familia.
  • Generalmente son los responsables de la baja autoestima de sus hijos, con quienes sostienen constantes batallas, especialmente con los adolescentes. Insisten en que estos deben someterse sin chistar, a sus mandatos.

PADRES PERMISIVOS: o excesivamente indulgentes. Se caracterizan por ser “débiles para gobernar y fuertes para amar”. Son padres que valoran mucho la propia expresión y la propia regulación en sus hijos, partiendo del hecho de que la personalidad de los mismos debe crecer en plena libertad y que cualquier obstáculo que se les ponga (castigos, regaños, sanciones, etc.) lesiona de manera irreversible su autoestima. “¡Pobrecito, no hay que regañarlo, que haga lo que quiera, lo podemos traumar si lo castigamos!”

Por lo general no exigen obediencia, hacen pocas demandas y permiten que sus hijos vigilen sus propias actividades tanto como sea posible. Se consideran a sí mismos como fuente de recursos a la cual sus hijos pueden acudir siempre que lo necesiten; no se ven como portadores de normas y modelos.

Explican a sus hijos las razones que fundamentan las pocas reglas familiares que existen, consultando con ellos sobre las decisiones a tomar en relación a su conducta, no importa lo grave que ésta sea. No son partidarios del castigo y les permiten a los hijos vivir su vida solos. No les importan los límites ni las normas. Evitan la fuerza para gobernar a los hijos y apelan siempre a la razón. Los hijos saben que siempre tendrán su apoyo, no importando lo que hagan (conformando en ellos una actitud que se refleja en sus esfuerzos: buscan trabajar con la ley del mínimo esfuerzo). Culpan a terceras personas por la indisciplina de sus hijos y, si pueden, apañan las faltas que estos cometan. Son en extremo afectuosos.

Sus hijos:

  • Son excesivamente inmaduros.
  • Tienden a sentir que no los aman; a sentirse abandonados y rechazados por sus propios padres; por tales razones buscan realizar cualquier tipo de actividad de alto riesgo para llamar su atención y, por lo menos, sentirse atendidos en esas circunstancias.
  • Tienden a rechazar la moral de sus padres, de ahí que, aunque suene contradictorio y sorprendente, apelan a las drogas, el alcohol y el uso de materiales pornográficos, desvirtuando así la sexualidad humana.

PADRES CON AUTORIDAD – CONOCIMIENTO: o democráticos. Respetan la individualidad de sus hijos, pero también consideran importante inculcar los valores sociales. Saben gobernar con mano firme y escuchar a sus hijos. Dirigen las actividades de estos de manera racional, con atención a las consecuencias más que el miedo de los hijos al castigo o pérdida del amor. Les explican los motivos y el porqué de sus límites y normas; promueven la unidad familiar, la disciplina y la libertad. Ejercen control firme cuando es necesario.

Tienen confianza en su habilidad para guiar a sus hijos. Son amorosos, consistentes, exigentes y respetuosos de las decisiones independientes de sus hijos, pero son firmes en el mantenimiento de normas y deseosos de imponer castigos limitados; combinan el control con la estimulación.

Sus hijos:

  • Se sienten seguros al saber que son amadas y al saber, con claridad, qué se espera de ellos.
  • Son más tolerantes e independientes, así como más responsables.
  • Poseen una mayor adaptabilidad a las situaciones nuevas y una mayor voluntad de servicio.
  • Logran reconocer con más facilidad sus Fortalezas y Debilidades.

Podemos resumir, entonces, que los riesgos de los estilos extremos (autoritario – permisivo), son los siguientes:

  • Los padres que usan estos estilos pueden criar hijos incapaces de relacionarse con las demás personas.
  • Con los AUTORITARIOS: los hijos han aprendido a someterse a las normas sin protestar ni preguntar.
  • Con los PERMISIVOS: los hijos saben que recibirán siempre toda la ayuda que necesiten para cumplir las normas que quieran acatar.
  • Ninguno de los dos modelos permite aprender a los hijos a ser independientes o autónomos y, por lo tanto, en ambos casos están mal preparados para sortear la mayoría de los obstáculos que se les presentarán en la vida.
  • Las formas extremistas de disciplina, generalmente, producen conductas desviadas en los hijos, especialmente en la etapa de la adolescencia.

5 PAUTAS  PARA EL ESTABLECIMIENTO Y CUMPLIMIENTO DE LÍMITES RAZONABLES Y REALISTAS

  1. Establecé normas y reglas claras. Definí qué conducta es aceptable y cuál no. Discutí con tus hijos (si lo considerás apropiado), las normas, Esto puede ayudar a que los mismos se motiven y cooperen. Recordá que vos no sos juez ni policía. Señalá los límites y da tus razones para ello: “La hora de dormir es…; la tele se enciende hasta después que se haga…; si estás enojado, te vas a tu cuarto y salís en media hora, cuando estés calmado…”
  2. Ubicá cuándo tenés que luchar. No te desgastés peleando a cada momento con tus hijos. Tratá de determinar qué cosas son esenciales o cuáles no. Si tus hijos son desordenados con sus cosas, a pesar de tus regaños, definí límites realistas y tratá de que se cumplan. Por ejemplo: sus cuartos se ordenarán cuando vengan visitas, o los días sábado, los otros días sólo cierren la puerta. Tarde o temprano ellos sabrán dar su propio orden. No vivás discutiendo todos los días por un orden que jamás llegará por la fuerza. Los hijos, en especial los adolescentes, son especialistas en llevar la contraria, como una forma de reafirmar y/o encontrar su propia identidad.
  3. Otro ejemplo: si tus hijos no colocan la ropa sucia en su lugar, no andés de babosa recogiéndoselas a diario, refunfuñando porque no lo hacen. El día en que se tengan que ir a clases con la ropa interior sucia o sin ella, ese día aprenderán la lección, no antes.
  4. No cometás el error de estar protestando por las cosas que ellos no cumplen si vos sos la que, al final, termina haciéndolas. Ellos no las harán mientras vos seas la que les cubra las espaldas, me refiero a las tareas, la merienda, el uniforme, la levantada de todos los días, etc. Si vos, a pesar de las constantes regañadas, terminás haciendo las cosas, jamás podrás enseñarles a ser responsables e independientes. Tampoco se trata de dejarlos libres por completo, pero paulatinamente debés irlos soltando.
  5. Confiá en los valores que les inculcaste, especialmente al llegar la adolescencia, cuando las salidas a otras casas y lugares aumentan. No se te ocurra andar de vieja chocha o viejo pendejo fisgoneando dónde están y con quién están. Mucho menos cuando empiezan las jalencias. Eso sólo complica las cosas.

Para finalizar, acordate que uno cosecha lo que siembra, y que la única manera en que podás tener buenos frutos es aporcando, abonando, desyerbando tu solar (tu relación y comunicación con tus hijos). Si al llegar la adolescencia no te dicen nada, no sabés lo que hacen: ¡VOS SOS RESPONSABLE! y te toca buscar la forma de recomponer el asunto.

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